Las cosas de la vida lo van cambiando a uno. Llegan las canas, las decepciones, las úlceras... las várices. Las cosas de la vida también suelen reafirmar a uno en su forma de pensar y hacer. Yo siempre dije que todos son unos garcas y el día que me caguen lo confirmaré.
Se vino el año siete. Siete años de andar con la búsqueda de la unidad a cuestas, en ciernes, a la rastra, a upa, en vuelo triunfal, a contrapelo y también a pelo...
La unidad como intuición es una quimera deliciosa, una puerta al infinito que buscamos.
Cosechamos amigos y enemigos, seguros de que no queríamos "quedar bien" sino ser fieles a la búsqueda. Después de todo este trajinar, donde pasaron muchas obras, muchos artistas y de los otros, la unidad fue tomando cada vez más un tono de certeza compartida por más buscadores que los locos del pasquín. Con paciencia oriental fuimos sembrando la duda de la posibilidad de un mundo mejor y de la unidad humana en el arte y en la vida y cosechando la certeza de otros, compartiendo el camino descubrimos a más de un enamorado y a más de una viuda. Algunos nos ayudaron a volver a descubrir, una vez más, el amor. Y hubo quienes buscando contagiar el luto se abrieron como florecita y nos contagiaron su color y su perfume.
No fueron simplemente las cosas de la vida y las arrugas las que hicieron que esa certeza sea un lema que nos llena de orgullo, que nos hace afinar el lápiz y el contenido. Las cosas de la vida sí nos reafirmaron en esta creencia, fundamentalmente porque creemos en que es lo más conveniente por creer para todos los que, como nosotros, quieren otro mundo. Habrá otros, seguramente, con otras creencias u otros nombres, pero aunque el idioma no coincida, la búsqueda será la misma, y seremos compañeros.
Soñamos con una revista que sea en sí misma una obra de arte de la unidad. Y más allá de las cosas de la vida, y las canas, cada vez andamos más cerca. Y eso es solamente posible con un otro allí que se asombre como por primera vez, aunque digamos siempre lo mismo.
